MERCEDES: GRACIAS A TU VIDA



Gracias a su vida, porque nos dio tanto; Haydé mercedes Sosa, nació para la música, vivió para la música y no morirá nunca para la música, porque su voz, su manera de interpretar tenía, tiene, tendrá el sabor de la eternidad, y lo vemos con cada generación que la escucha, que la siente como propia, se la apropia, la canta para aliviar el dolor del alma o para multiplicar la felicidad recibida como si fuera posible repetir el milagro de los panes y los peces a través de su canto, de su dulce y recio canto, cual dádiva divina.

Mercedes, que alguna vez dijo que “cantaba para no morirse”, tenía una compulsión incontenible por cantar, en medio de una charla buscaba cualquier excusa para cantar, una frase, un recuerdo, una nueva melodía, a veces interrumpida por el llanto nostálgico, el canto era su mejor modo de expresión.

Desde la modesta ciudad de San Miguel de Tucumán, donde nació en 1,935, partió con la piel de América en su piel a caminar por la cintura cósmica del sol, a recorrer el mundo con su música, compartiendo escenarios y entregando su grandeza en un prolijo legado de grabaciones discográficas.

Además del prodigio, del genio natural de su voz, sobrenatural, sobrecogedora como los paisajes de Los Andes, curtida quizas también por el Whisky y las empanadas que su madre le preparaba, era rigurosa en la estudio de su voz, y diariamente educaba sus cuerdas vocales.

Paso del gusto por la velocidad, al amor por la lectura y la radio, y después de la separación de su segundo marido eligió la serena soledad.

La prohibición de su música durante la dictadura la llevo al exilio y la convirtió en sinónimo de lucha, resistencia y libertad, y su voz la llevo a convertirse en la cantante argentina más importante de la historia, cargada de canciones simples pero de prosa maravillosamente conjugada, que unidas a su voz de ángel guerrero, encarnó de manera perfecta y natural las voces reprimidas y las injusticias que reclamaban una oportunidad de ser escuchadas.

Mercedes, mar Atlántico y Pacífico, viento y América, con la magia de su voz, regalo de los dioses paganos de nuestros andinos ancestros, hizo grandes a los compositores de esta tierra indígena, los hizo conocer en todas las latitudes y altitudes, dejando un rastro amerindio en todo este pequeño planeta azul que lucha por contener esta humanidad que lucha porque no se puede contener ella misma.

Como decía, hizo grandes a los compositores de esta tierra, entre ellos a una grande, Violeta Parra, que ya era grande antes de que la cantara Mercedes; paradójicamente Violeta nace un 4 de Octubre, y Mercedes se va de este mundo también un 4 de octubre, pero no de manera suicida y melancólica como Violeta, sino cansada quizá de vivir pero no de cantar. De las composiciones de Violeta en la voz de Mercedes recordamos Gracias a la Vida, un himno simple y sencillo y grandioso a la vida; y también recuerdo otra que me llega muy hondo, que se me enreda como la hiedra y que me crece como el musgo… Volver a los 17; y me encanta la versión en concierto que Mercedes hace en Brasil en 1,986 con Milton Nascimento, Chico Buarque, Caetano Veloso y Gal, realmente orgásmico. Aquí va el video:
Se va enredando enredando como en el muro la hiedra
Y va brotando brotando como el musguito en la piedra


Se fue La Negra, se fue Mercedes al inmenso cielo que cubren a los esotéricos Andes; esta Cali Caribe que tanto amamos, tiene un pedacito de estos Andes, y desde allí, desde el Cristo Rey que nos mira, ella sentada a su lado le susurra los secretos de la inmortalidad.